A las 23 semanas de embarazo tu bebé mide aproximadamente 28-29 cm de la cabeza a los talones y pesa alrededor de 500 g: más o menos un mango grande o un pomelo (toronja). Lo más destacado de esta semana es que se están formando los vasos sanguíneos de sus pulmones, preparándolos para el día en que respire aire.
¿Cuánto mide y cuánto pesa el bebé en la semana 23?
En la semana 23, más o menos:
- Longitud: unos 28-29 cm de la cabeza a los talones (aproximadamente).
- Peso: cerca de 500 g, es decir, medio kilo más o menos.
- Comparación de tamaño: un mango grande, un pomelo (toronja) o una mazorca de maíz.
Son promedios. Dos bebés perfectamente sanos pueden llevarse varios centímetros y más de cien gramos de diferencia en la misma semana, y la ecografía no pesa al bebé: lo estima, con su margen de error. Un dato aislado no dice gran cosa; lo que importa es cómo evoluciona la curva de crecimiento.
Por qué las tablas no coinciden entre sí. Hasta alrededor de la semana 14 al bebé se le mide de la coronilla al final de la columna (la longitud céfalo-caudal o CRL), porque lleva las piernas plegadas. A partir de la semana 20 ya se mide de la cabeza a los talones. Por eso los centímetros parecen dar un salto de una fuente a otra: casi siempre es esto y no un problema.
23 semanas de embarazo, ¿cuántos meses son?
Las semanas de gestación se cuentan desde el primer día de tu última menstruación (la FUM, o la última regla), no desde la concepción. Como la ovulación llega unas dos semanas después, estar de 23 semanas equivale a unas 21 semanas desde la concepción. Es una convención médica, y explica que las cuentas parezcan no cuadrar con lo que tú recuerdas.
En meses, la semana 23 cae en el sexto mes de embarazo. Algunas tablas la colocan al final del quinto: el reparto de semanas por mes varía según quién haga la cuenta y ninguna versión es más correcta. Sigues en el segundo trimestre y te quedan unas 17 semanas hasta la fecha probable de parto.
Qué está haciendo tu bebé esta semana
Casi todo lo importante ocurre por dentro:
- Empieza a acumular grasa, todavía muy poca. Por eso su piel sigue fina, arrugada y rojiza: los vasos sanguíneos se transparentan a través de ella. Se irá rellenando y alisando en los meses que quedan.
- Los pulmones se están llenando de vasos sanguíneos. Es lo más relevante de este mes: se construye la red que algún día permitirá el intercambio de oxígeno.
- Oye bien. Tu voz y el latido de tu corazón son su ruido de fondo permanente. Un ruido fuerte y repentino puede provocarle un sobresalto que a veces notas como un movimiento brusco.
- Aparecen los movimientos oculares rápidos, con los párpados aún cerrados: se asocian a los ciclos de sueño.
- El oído interno madura, así que empieza a percibir la posición y el movimiento: nota si está de lado, boca abajo o si tú estás caminando.
Si te apetece hablarle o dejar que tu pareja le hable pegado a la barriga, este es buen momento: os oye. Y si no te sale, tampoco pasa nada: no hay una forma obligatoria de vincularse.
Qué puedes sentir tú en la semana 23
Los movimientos ya suelen ser lo bastante fuertes como para que tu pareja, o quien tú quieras, los note apoyando la mano en la barriga. Algunos se ven desde fuera: un bulto que aparece y desaparece. No hace falta llevar cuenta de las patadas todavía; el recuento estructurado se propone mucho más adelante. Lo que sí importa desde ya es lo contrario: cuando el patrón está establecido y notas que tu bebé se mueve claramente menos o distinto, llama ese mismo día.
También es muy frecuente empezar a notar contracciones de Braxton Hicks: el útero se pone duro unos segundos y se relaja. Son irregulares, no van a más, normalmente no duelen y ceden si cambias de postura, te tumbas de lado o bebes agua. Son ensayos, no parto. Lo que no es normal es que se vuelvan rítmicas, cada vez más seguidas o dolorosas.
Otras cosas habituales por estas semanas:
- Pies y tobillos hinchados al final del día, sobre todo con calor o tras muchas horas de pie.
- Dolor de espalda y zona lumbar, por el peso que tira hacia delante y el cambio de postura.
- Nariz taponada o ronquidos, aunque no estés resfriada: las mucosas se congestionan.
- Acidez y reflujo, sobre todo al tumbarte después de comer.
- Línea oscura vertical en el abdomen (línea alba o nigra) y estrías. Ambas son normales.
- Hormigueo o adormecimiento en las manos, típico de noche: es la presión del túnel carpiano, casi siempre pasajera.
Nada por tu cuenta. Antes de tomar algo para la acidez, la espalda, el estreñimiento o un catarro —incluidas infusiones, plantas medicinales, suplementos y productos «naturales»— consulta a tu médico, matrona o farmacéutico. Que se venda sin receta no significa que sea seguro en el embarazo, y esta página no puede recomendarte ningún medicamento ni dosis.
Qué conviene hacer en la semana 23
Primero, un aviso: los controles y el calendario de pruebas cambian mucho de un país a otro, e incluso entre hospitales. Esto es orientativo; quien manda es tu médico, matrona u obstetra y el programa prenatal de tu país.
Dicho eso, la prueba que suele llegar justo después es el cribado de diabetes gestacional, que en muchos sitios se ofrece entre las semanas 24 y 28 (el test de O'Sullivan o la curva de tolerancia a la glucosa, según dónde estés). Saber que viene ayuda: suele implicar esperar un buen rato en el centro.
Este es también el momento de conocer los signos de parto prematuro y tener el teléfono a mano. Guarda hoy en el móvil el número de tu centro o de la urgencia de maternidad. Avisa si notas:
- Contracciones regulares que no ceden al cambiar de postura o descansar.
- Dolor lumbar bajo que va y viene en oleadas.
- Retortijones parecidos a los de la regla, con o sin diarrea.
- Salida de líquido por la vagina, de golpe o en goteo continuo.
- Cualquier sangrado.
- Un cambio claro en el flujo: más cantidad, más líquido o con sangre.
- Sensación de presión hacia abajo, como si el bebé empujara.
Ante cualquiera de estas señales, llamar siempre es lo correcto. No es exagerar ni molestar: quien te atienda prefiere mil veces revisarte por nada.
Puede que hayas leído algo sobre la viabilidad. En torno a las semanas 23 y 24 se describe habitualmente el límite a partir del cual los cuidados neonatales especializados pueden intentar sostener a un bebé nacido muy prematuramente. Los resultados varían enormemente según el país, el hospital y cada situación, y no es tema para rumiar a solas de madrugada: si te preocupa, llévalo a tu próxima cita. Y para ver cómo encaja esta semana en el conjunto, tienes nuestra guía del embarazo semana a semana.
Cuándo llamar a tu médico o matrona ahora mismo
No esperes a la próxima revisión si aparece cualquiera de estas cosas:
- Sangrado vaginal, sea mucho o poco.
- Dolor abdominal intenso o que no se pasa.
- Pérdida de líquido por la vagina.
- Fiebre.
- Dolor de cabeza fuerte que no cede, sobre todo con visión borrosa o luces, o con hinchazón repentina de cara, manos o pies.
- Dolor o escozor al orinar.
- Menos movimientos, o un cambio evidente en la forma en que se mueve tu bebé.
- Cualquier síntoma repentino e intenso que te asuste, aunque no esté en esta lista.
Muchas de estas llamadas terminan con un «está todo bien, te vemos en la próxima cita», y eso también es un buen resultado. Y si estás viviendo este embarazo con miedo —por una pérdida anterior, porque estás sola en esto o porque hay días que pesan—, decirlo en voz alta en tu siguiente consulta también es cuidarte.
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